Hubo un tiempo en que los poetas les leían a sus musas cartas y poemas en el café. Fuera del café, no se veían nunca, no se encontraban o no se daban cita en ningún otro lugar y el poeta se quedaba con el corazón solitario acordándose de las palabras de Machado o de Ramón que decían que:
El corazón solitario
no era un corazón.
A veces las musas, huerfanitas ellas, encuentran en el poeta la ternura del padre. Algunas dicen expresiones sin sentido peyorativo como: "le lleva 40 años". Pero aquí se puede hablar de amor romántico, amor platónico, amor ideal. La gente rechaza cada vez más la palabra amor (los poemas cargados con esta palabra en desuso ya no gustan). Ahora se emplea más la palabra amistad que a veces no es más que un pacto que no engloba una unidad de sentimientos, una compenetración de las almas. Pero la palabra amor supone un peligro y depende de quién sea él, o la enamorada entre la que se interponen otras palabras como: Circunstancias, creencias religiosas, dignidad, que se resumen en: No te puedo ofrecer más que una amistad sincera, un afecto limpio, espiritual, etc., que al final quién así actúa es sincero, positivo y bondadoso.
Pero yo no soy tan listo, no tanto como don Sócrates, maestro de Platón, que bien lo conocía y nos lo dio tal como tal vez no fue. Él, como todos nosotros los que podemos ver también miraba al cielo lleno de lucecitas, brillantes, temblorosas de miedo escondidas en la noche fría.
jueves, 22 de enero de 2009
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